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¡calcinación solar del antimonio : la prueba alquímica irrefutable!

En el tomo 3 de la Química de Nicolas Lefèvre, es explicado que el régulo de antimonio marcial estrellado puede sufrir una calcinación solar que Lefèvre mismo cualifica de “filosófica”, y cuyo resultado sorprendente, a pesar de los conocimientos científicos actuales, es el aumento notable del peso de la materia…

Recientemente un amigo me ha prestado una balanza electrónica de gran precisión, y lo he querido verificar experimentalmente…

Algunos recordatorios

En el capítulo de la calcinación solar del antimonioLefevre añade que:

« Hemos hecho ver más arriba que las calcinaciones del antimonio con el nitro lo abrían, lo purificaban y lo fijaban: lo que no se podría hacer, si esta sal no prestara la luz que se encuentra corporificada en ella: pero es necesario que aquí mostremos patéticamente, que el Sol, que es el padre y la fuente de la luz y que engendra el nitro, purifica y fija el antimonio mucho mejor y más eficazmente de lo que el nitre lo puede hacer, lo que es una calcinación verdaderamente filosófica y digna de un Artista curioso que busca las maravillas de la naturaleza y del arte. Entonces los que no saben los bellos efectos del fuego mágico y celeste, que se extrae de los rayos del sol por medio de un espejo ardiente, podrán apenas creer lo que tenemos que decir y demostrar sobre este tema. Este digno fuego conserva y multiplica el antimonio, mientras que el fuego común y las sales lo cambien y lo destruyen. »

Repetidas veces en las formaciones de alquimia de CFIO, he demostrado que el nitro, es la luz congelada, lo que Lefevre confirma también a su manera, aunque básicamente, no sea alquimista, sino un simple químico.

Entonces, si el nitro común es utilizado para abrir el antimonio (se entiende aquí como régulo de antimonio marcial) con el fuego vulgar de los hornos, se sublima en un humo desabrido y puede cristalizar en “flores”, lo que he realizado muchas veces en el ámbito de la vía denominada de las “flores blancas y rojas de antimonio” (ver mi formación de alquimia metálica).

Esto significa claramente que si se calienta régulo de antimonio en un crisol, va a evaporarse lisa y llanamente y su materia va a disminuir en volumen y en peso, lo que es lógico.

Nicolas Lefervre lo explica en estos términos:

« Si el Artista toma doce granos de antimonio mineral o común, que sean reducidos en un polvo impalpable, y los calcina con fuego ordinario o por la sal, impulsa un humo de un color y de un olor desagradable, que tiene peso, porque si este humo fuera recibido en los recipientes sublimatorios, se encontrarían allí flores que sólo son el antimonio meteorizado, como lo hemos mostrado, cuando hablaremos de la sublimación de este mineral, lo que hace que el antimonio se encuentre reducido en cinco o seis gramos, cuando la calcinación es empujada hasta un polvo gris o blanco, que es todavía purgativo y vomitivo. »

Capture un rayo de luz

Entonces, si usted calcina la misma materia, pero esta vez con un espejo ardiente o una lupa, y la tritura con una varilla de hierro (imantada preferentemente), va a comprobar que la materia humea siempre, pero no disminuye ni en peso ni en volumen, lo que es verdaderamente sorprendente dada la naturaleza sublimatoria del antimonio.

Lefèvre nos anuncia que:

« Pero si se calcina el mismo peso de antimonio con el espejo ardiente, que concentra los rayos de luz del sol para hacerla actuar sobre la materia, este mineral desprende también vapores, como cuando se lo calcina con el fuego común, y por consiguiente debería también disminuir en la misma cantidad, lo que no se hace sin embargo, porque cuando la calcinación ha sido reiterada a menudo, y el antimonio se ha convertido en un polvo blanco, se encuentran quince granos en lugar de doce, y por consiguiente esté ha aumentado en la mitad, ya que los vapores que han sido exhalados, lo deberían haber hecho disminuir. »

régulo de antimonio - cfio.de

Una comprobación poco común

Así como lo he expresado en otro artículo, no he utilizado casi nunca instrumentos de medición muy elaborados en mi laboratorio, y he hecho la piedra mineral sin preocuparme nunca del peso de las materias que he utilizado (salvo puede ser en las primeras operaciones, y muy groseramente), confiando en los consejos de los adeptos sobre el “peso de la Naturaleza”, que ningún alquimista podía verdaderamente controlar ya que en este están contenidos misterios insondables de la Creación.

He comprobado entonces este fenómeno muchas veces, pero nunca lo he medido, por eso he querido hacer esta pequeña y divertida experiencia a propósito, y he calcinado 0,20 gramos de régulo de antimonio marcial estrellado con los rayos ardientes del sol. Con el peso de la copela, el conjunto de partida pesaba 22,24 g.

Después de una calcinación de 20 minutos acompañada de intensas humaradas (¡sin nauseas hay que decirlo), el conjunto ha pesado entonces efectivamente 22,31 g, es decir 0,07 g de más!

Una prueba alquímica flagrante

Yo le pregunto a los escépticos que muy fácilmente podrán reproducir la operación: ¿de dónde vienen estos 70 miligramos de materia de más?

Para mí la respuesta es muy simple. Se ha capturado un poco de luz solar y se la ha congelado de forma ponderable. Hemos puesto en aplicación los conocimientos herméticos que afirmaban desde la aurora de los tiempos que el azufre filosófico que debe ser conjuntado al mercurio (aquí el antimonio en la vía seca), es de origen celeste, y que el prodigioso secreto de los alquimistas consiste en una vuelta de mano muy simple, pero difícil de concebir para una mente racional. Un juego de niños dicen los adeptos…

Estos 70 miligramos de materia celeste son el verdadero Espíritu Universal de los antiguos y he demorado solo 20 minutos en recolectarlo, y más de 20 años en descubrirlo.

Nicolas Lefevre prosigue:

 « Es necesario, por lo tanto dejar de admirar, cuando se ha conocido y se ha comprendido que la luz es este fuego milagroso que es el principio del antimonio, y que es también la que lo ha preparado. Lo que muestra que este noble mineral posee un imán natural en sí, de atraer de lo más alto de los cielos lo noble similar que lo ha producido, y que le proporciona su virtud. »

¡Los muertos adelgazan!

Si se cree ciertos estudios realizados sobre personas en el momento de fallecer, su peso disminuye de forma incomprensible justo en el momento de dar el último soplo.

Incomprensible salvo para los alquimistas que observamos este fenómeno inverso en nuestra experiencia. Más arriba habíamos invitado al Espíritu a entrar en un cuerpo (metálico), aquí es el Espíritu (de vida) que retorna a la fuente de donde proviene, es decir el sol.

Y para cerrar, dejo la palabra a nuestro querido amigo Pierre Dujols, alias Magophon, en este pasaje no menos iluminador de su Hipotiposis:

 « Ciertos autores, y no de los menores, han pretendido que el mayor artificio operatorio consiste en capturar un rayo de sol y en aprisionarlo en un frasco cerrado con el sello de Hermes. Esta grosera imagen ha causado que se rechace la operación como algo ridículo e imposible. Y, sin embargo, es literalmente verdadera, hasta el punto de que la imagen forma cuerpo con la realidad. Es increíble, más bien, que nadie se haya dado cuenta todavía. Este milagro lo realiza de alguna manera el fotógrafo, sirviéndose de una placa sensible que se prepara de diferentes maneras. »

¡Se debe admitir por lo menos que los tiempos están cambiando!

Para saber más y leer la continuación…

¡Que se lo diga por Toutatis!