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Espiritualidad : cuando todo se vuelve en contra nuestro…

Hay de hecho momentos en la vida en donde todo parece estar en contra nuestro y que las cosas se nos escapan. Los sentimientos de impotencia y de depresión que resultan de esto no dejan de tener su efecto en la vida espiritual. Hasta el punto en que uno se pregunta para que sirve todo esto, si al fin de cuentas, se debe sufrir tanto. Conviene entonces apelar al conocimiento de los antiguos para comprender el concepto de prueba iniciática…

…el hombre no tiene donde recostar su cabeza«

En el Evangelio según San Mateo (8, 19-22), Jesús les explica a sus discípulos que el compromiso en la vida espiritual no es ni un paseo de placer o ni un grato pasatiempo. El hombre común puede, si es hábil y afortunado, crearse un pequeño espacio de tranquilidad y finalizar allí sus días en una paz relativa. Pero el precio que se debe pagar por tal vida es la ignorancia, la ociosidad, y sobre todo… la muerte.

Es por eso que en el mismo capítulo, Jesús le indica a aquellos que lo quieren seguir que es preferible dejar que los muertos entierren a los muertos. Por lo tanto está claro que la vida tranquila con la que todo el mundo sueña es una inmensa ilusión que traduce un estado de muerte antes de tiempo. Jesús ha sido apodado el “viviente”, que no es lo mismo que estar simplemente “viviendo”.

En cambio, aquel que tenga intención acceder al conocimiento espiritual, no podrá “colocar su cabeza en cualquier parte”. Le será posible encontrar la paz interior, afortunadamente, pero no en el sentido que entienden la mayoría de las personas, para las que esta paz pasa solo por el tamaño de la cuenta bancaria o por la respetuosa consideración que se tiene ante la sociedad y en la vida profesional.

La vía iniciática, ya sea cristiana u otra, nos propone alcanzar más bien otra realización “personal”, la de la inmortalidad del alma por un trabajo valiente y penoso sobre sí mismo. Ser viviente implica por lo tanto considerables pruebas (y no forzosamente desgracias) que dan finalmente sentido y valor a nuestras preocupaciones y a nuestros sufrimientos.

«…los enemigos del hombre serán los de su misma casa» (Mateo. 10-36)

Se ha comprobado que cuando una persona comienza a involucrarse seriamente en un trabajo espiritual o iniciático, aparecen muchos problemas. Es allí donde el destino va a golpear, algo que no es ajeno a la vida que el discípulo antes llevaba.

Si tenía mucho dinero, lo va a perder en cantidad. Si estaba atado a sus bienes, deberá renunciar a ellos. Si estaba atado a su prestigio personal o su físico, la frustración vendrá por ese lado.

Los maestros de sabiduría hablan entonces de un hundimiento moral para caracterizar algo que indefectiblemente se producirá. Porque, según Jesús«nadie puede servir a dos señores a la misma vez». Es una forma de decir que es necesario hacer una elección radical. La vida o la muerte con -por un lado o por del otro- un tributo a pagar. Hay por lo tanto algo heroico en la vida espiritual.

Los astutos – todos lo somos – que creen poder librarse de esta inmutable necesidad, entraran en relación con una ley muy poco conocida y particularmente implacable.

La ley general

La ley general, es el guardián del umbral. Es como al club nocturno que se pretende entrar. Se debe tener la entrada. Si no, el negro grande que está en la puerta le va a decir amablemente. «Lo siento no es posible». Si sigue insistiendo, le dejo adivinar lo que le sucederá.

En la vida espiritual, es lo mismo. Si se hace trampa, si se disimula, si no se quiere enfrentar un replanteamiento que se ha vuelto necesario, entonces se pierde el eje, y se desarrolla una energía desequilibrada y entonces aparecen los problemas.

Todas estas dificultades no son un castigo de Dios debido a la mala conducta; esto, es lo que las religiones instituidas les dicen a sus fieles para esclavizarlos a su voluntad. Aquí, estamos hablando de leyes divinas que pocas personas son capaces de comprender. En particular desde que el new age de bazar con sus pequeños ángeles azules y un budismo falto de zénitud (palabra derivada de Zen, serenidad) han invadido la mente de los Occidentales.

Las pruebas iniciáticas

Es extraño como idea, y a veces insoportablemente molesto, pero nuestros problemas son el mejor medio para comprender lo que está mal en nuestro comportamiento o modo de ver. Ellos son la explicación – a veces codificada, estoy de acuerdo – de lo que nos impide progresar.

La mayoría de las veces, es muy difícil porque tenemos dificultad para despegarnos de nuestro sufrimiento. Algo, o alguien, nos ha herido, y nos ha hecho mucho daño, y nos apiadamos de nosotros mismos. Queremos ser víctimas de la suerte, o de la maldad del mundo. A menudo nuestra única respuesta es: « ¡Es injusto, no es normal!». Escoger esta vía es un verdadero suicidio espiritual.

¡Sin embargo, fácil es decir! Se necesita de hecho una gran fuerza interior para encontrar el camino de la responsabilidad total que nos permitirá enfrentar lo que va a llegar. No somos malditos o mal queridos. Hemos invocado a la verdad y al conocimiento, y el universo nos prepara para recibirlos.

La gran liberación

No buscamos desviar la mirada de lo que nos hace sufrir. Es precisamente en nuestras mayores dificultades donde podemos encontrar la liberación que conduce al conocimiento.

Éste sólo puede ser adquirido cuando nos liberamos lo suficiente de nosotros mismos y de nuestro ego. Intentando dirigir nuestra mirada interior hacia las cosas duraderas y eternas, es que vamos a cambiar progresivamente nuestros valores, modo de vida, y relaciones. Vamos a dejar de mentirnos a nosotros mismos.

Dejándonos guiar por la vida, vamos a encontrar el camino. Un día, llegaremos a comprender que nuestros sufrimientos eran el resultado de una reacción negativa de nuestra parte. Es eterna historia de la mantequilla y dinero de la mantequilla. Queremos una vida divina y nos portamos como cerdos…

«No deis las cosas santas a los perros, y no tiréis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y se vuelvan y os despedacen.» (Mateo 7-6)

Podemos criticar a Dios y tratarlo de mezquino. ¿Pero usted le daría un encendedor a un pirómano?

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¡Que se lo diga por Toutatis!