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Eugène Canseliet y el antimonio

Existe en Francia una gran presuposición. Qué digo, una gigantesca confusión sobre la atribución sistemática de la vía del antimonio a Eugene Canseliet. Este perjuicio tenaz demuestra la inmensa ignorancia del público y de los numerosos investigadores que, en la actualidad, juran por el buen maestro de Savignies

Pongamos los relojes en hora

Soy formal. Existen numerosas vías alquímicas que utilizan el antimonio como materia primera (prima). Un número incalculable de documentos privados y otros que son públicos lo prueban. Pero el furor literario de mediados del siglo 20 entorno a Eugène Canseliet, y sobre todo el hecho de que ha sido supuestamente el único alumno de Fulcanelli, ha contribuido a instalar en las mentalidades de la época un lamentable error.

Así, en poco tiempo, el Antimonio y Canseliet se han convertido en sinónimos.

Un procedimiento no tradicional

Concretamente, el procedimiento de Canseliet no tiene ningún antecedente en la literatura alquímica clásica, excepto por supuesto, el régulo de antimonio marcial estrellado. Sus libros intentan probar lo contrario, pero es siempre con el apoyo de un simbolismo voluntariamente orientado, y con una política del secreto francamente deprimente.

Con Canseliet, las referencias latinas y las metáforas se fusionan en todos los sentidos en un estilo literario que impresiona con su calidad y da confianza. Pero cuando se escuchan los testimonios de aquellos que consiguieron saber algo por estar en contacto con él, se observa que:

  • No le dijo la misma cosa a todo el mundo
  • Nadie, incluido él, ha tenido éxito en su trabajo

Sin embargo, en su defensa, Canseliet nunca se hizo pasar por un adepto que ha realizado la piedra filosofal. Él prefería, creo, el título de más viejo estudiante de Francia

Sus antiguos alumnos lo testimonian

Muchos autores alquímicos y algunos grandes nombres del hermetismo contemporáneo han sido alumnos de Canseliet. En los años 70, algunos de ellos han escrito libros de un mimetismo sorprendente. Aunque estaba claro que la fascinación por el maestro que sabía y que no decía nada estaba en su cumbre.

Algunos años más tarde, decepcionados por no haber progresado en la elucidación del gran secreto operatorio, y privados de la presencia del maestro desde su muerte, estos mismos autores han confesado en algunas publicaciones valerosas, que el entusiasmo de su juventud los habían conducido a conclusiones ruidosas que tuvieron que lamentar más tarde, instando a sus lectores a tener más prudencia con el aprendizaje.

Y justamente,

A pesar del respeto que conviene tener con toda persona que ha trabajado para la perpetuación de los arcanos alquímicos, se puede comprobar que el alcance pedagógico de la obra de Canseliet no es muy evidente. La mayoría de las veces, el lector queda es tumbado al suelo por la abrumadora erudición del autor, sin posibilidad alguna de ser llevado a una comprensión clara de la filosofía hermética.

Personalmente, considero que un instructor debe darles a sus alumnos los medios para ser autónomos y responsables. En Canseliet, es difícil encontrar lo uno o lo otro, porque la manera de transmitir es de otra época. Usted está condenado por tanto a la adivinanza eterna.

Además, se les hace creer en operaciones canónicas que hay que descubrir, si no marcharon. Nada muy original en suma, ya que el procedimiento literario que Canseliet supo honrar con gran arte, ha existido desde tiempos inmemoriales. Es por tanto, como siempre, el árbol que esconde el bosque y disimula la verdad positiva a aquellos que cometen el error de aferrarse a sus ramas resquebrajadas.

Una trampa clásica para los novatos…

Invertir la tendencia

Para nuestra época en todo caso, invertir esta tendencia es fundamental. En efecto, si se confunden los procedimientos con los principios, se va directamente al fracaso. Creer que es posible hacer la piedra filosofal como se sigue una simple receta es la mejor forma de ir directo a la pared.

Es sin embargo lo que todo el mundo ha creído leyendo a Canseliet. El poder carismático del maestro era tal que pudo borrar para muchos la realidad alquímica tradicional y sus múltiples aspectos operatorios. Hasta tal punto que antes de la llegada de Roger Caro y de su vía húmeda, casi que se podía hablar de una alquimia canseliena como se pudo mencionar en otro tiempo un cristianismo paulino; algo que evidentemente no tiene ningún sentido…

¿De quién es la culpa? ¿De los admirativos lectores con un entendimiento mal situado? ¿De un contexto filosófico empobrecido en una época dónde era difícil encontrar otra cosa? ¿De las órdenes iniciáticas que poseen otras verdades, pero que son muy cerradas? ¿O de la voluntad más o menos consciente de Eugène Canseliet de alimentar el mito de Fulcanelli y del alumno pródigo? Cada uno debe escoger lo que quiere creer…

Una cosa es segura. Ese tiempo ha terminado. Un verdadero alquimista de hoy puede y debe conocer la filosofía hermética de la Naturaleza con la punta de los dedos, y esto sin ambigüedad alguna. Es lo que le permitirá poner en movimiento las leyes naturales del universo sabiendo exactamente lo que hace y por qué lo hace.

Lo inverso de las adivinanzas, de hecho…

¿Y el antimonio?

El trabajo del antimonio es posible por tanto de diferentes maneras, sin la necesidad de encerrarlo en operaciones fijas y supuestamente canónicas..

Si usted domina los conocimientos naturales de los diferentes reinos de la naturaleza, entonces se puede dirigir de muchas maneras hacia la quintaesencia solar o la piedra filosofal.

¿Y Fulcanelli?

Un estudio prolongado de las dos obras del maestro y del discípulo, nos muestran su total desemejanza, tanto en la forma como en el fondo.

Porque incluso si Fulcanelli responde al protocolo de la enseñanza velada, permanece según lo veo, tradicional y accesible, nunca es abusivo en la metáfora y siempre deseoso de mostrar el camino. He dado ejemplos repetidas veces en mis formaciones.

Lo que me lleva a decir que para entender algo en alquimia, prefiero las obras del maestro a las del discípulo.

En conclusión

Lo repito: el antimonio se trabaja de muchas formas. Algunas son filosóficas, otras no. Su utilización no debe estar subordinada a una receta. Más aun cuando, como lo he demostrado en mi formación de alquimia metálica, cualquiera que sea el camino tomado, el antimonio es sólo el peregrino o guía mineral de la Obra, la cual se realiza y se termina sin él.

En suma, habrá servido sólo como imán porque el antimonio contiene un azufre solar del todo excepcional. Es este azufre solar, una vez aislado y dinamizado por las operaciones alquímicas, que producirá finalmente el embrión hermético. Este último será colocado luego en el huevo filosofal y, después de la cocción, dará origen a la piedra. Esto es lo que hizo decir a Fulcanelli, ciertamente de una forma relativamente intrincada, más o menos esto que no entra ni un gramo de antimonio en la obra mineral. En efecto, el azufre utilizado, aunque extraído de la estibina nativo, es común de todo el reino metálico. Una vez aislad, no podemos llamarlo más antimonio, sino ghur mineral o matriz metálica. Por lo tanto, este ghur es la materia original de la Gran Obra.

Espero que estas aclaraciones proporcionen una mejor comprensión del proceso de alquimia mineral por vía seca.

Post-scriptum

Quiero aclarar que este artículo no es un ataque contra Eugene Canseliet. Es más bien una puesta a punto que pretende ayudar a los buscadores sinceros y evitar que caigan en las trampas mortales de una moda pedagógica ya pasada. Eugène Canseliet era un erudito y un enamorado de la alquimia. Él sirvió por tanto a la misma dama según las reglas de uso de su época, al igual que trato de hacerlo a mi turno según lo mío.

Por sus declaraciones, el maestro de Savignies estaba obligado por un juramento de silencio, al igual que Fulcanelli. por otra parte. ¿Esto explica lo anterior? No lo sé… Por mi parte, nunca he pronunciado tal juramento, puedo hablar más claramente, y decir a todos los que fue reservado en otro tiempo para muy pocos.

Otro tiempo, otros modos…

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