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¿Qué es exactamente «encontrar la piedra filosofal»?

¿Qué se pretende exactamente encontrar en la búsqueda de la piedra filosofal? Las imágenes populares nos describen un polvo rojo dotado de poderes maravillosos con la capacidad de transmutar los metales en oro, alargar la duración de la vida del hombre, o curar incluso todas las enfermedades…

Muchos son los investigadores sinceros que, después de largos años de trabajo y de experiencias, se inquietan por su suerte debido a los pobres resultados obtenidos en estos ámbitos. ¿Ellos han desperdiciado inútilmente su vida en un arte quimérico? ¿Han perdido su tiempo y han desaprovechado su encarnación al no obtener exactamente lo que describe la tradición hermética?

Voy a intentar explicarle ahora que es para mí una búsqueda alquímica exitosa.

El objetivo y el camino

Primero, la alquimia tiene nada en común con el Zen, a saber que el camino se confunde con el objetivo. No es importante llegar a determinado lugar en el sentido que lo concibe el pensamiento analítico. Lo que cuenta es buscar, trabajar, experimentar y ser transformado por el viaje emprendido.

Esto no significa que los productos de laboratorio sean simples alegorías o conceptos puramente subjetivos. Por el contrario, la realidad del trabajo de laboratorio, con sus resultados y sus fracasos, sus decepciones y sus maravillas, es el soporte de un viaje interior que debe conducir al adepto hacia una amplia comprensión de sí mismo y del Universo.

Pero, si solamente se comprende el proceso alquímico como la búsqueda de una receta secreta, se deja entonces realmente de lado el trabajo iniciático al que inducen las operaciones del Arte.

No esperar nada, pero esperar todo

Incluso cuando busca concretar ciertas operaciones, el alquimista debe también liberarse de sus proyecciones y deseos inconscientes sobre la Gran Obra y la Piedra Filosofal. En virtud de esta necesidad, es posible que termine su viaje espiritual de una forma óptima sin haber podido nunca comprobar ni verificar en totalidad las afirmaciones pragmáticas de los viejos adeptos.

Es una paradoja con la cual se debe saber trabajar.

En efecto, la alquimia describe ante todo un proceso de transformación universal que puede aplicarse, como lo hemos visto en repetidas ocasiones, a la totalidad de los reinos de la Naturaleza. La elección que se hará en la aplicación de estos principios dependerá de las aspiraciones y posibilidades de cada uno. El éxito de la Gran Obra, no está por tanto subordinado a resultados concretos o fijos. Si no, esto significaría que no se podría rezar eficazmente en otro lugar que no sea la catedral, algo que es evidentemente absurdo.

El alquimista camina interiormente. Es un peregrino que viaja en un sendero marcado por etapas. Sus operaciones de laboratorio le sirven como puntos de referencia y carteles indicadores. El sagrado camino de Santiago de Compostela, por ejemplo, da testimonio de esto. Cada etapa es un arcano a través del cual el hombre es transformado poco a poco. Por lo tanto, no es realmente importante que este trabajo gradual sea validado por cualquier fenomenología como se empeñan a veces en pensar los obsesionados de la transmutación metálica…

La iniciación alquímica es mucho más sutil que esto. No hace falta decir que el camino está lleno de imprevistos.

Insondable diversidad

El alquimista aspirante debe comprender que no existen dos piedras idénticas. No hay cometidos a alcanzar en alquimia. Algunos grandes adeptos no han realizado nunca transmutaciones en otros reinos aparte del suyo, porque habían seguido vías internas sin ningún adyuvante tangible.

Otros en cambio han empujado el poder de su piedra hasta el punto de hacerla concretamente inútil. Este es el caso, por ejemplo de las lámparas perpetuas con las que no se sabría que hacer (en el estado actual de nuestra ciencia) aparte de la demostración de una simple curiosidad de la Naturaleza. Además, la ingestión de ciertas piedras de alto grado en gran cantidad sería fatal para su beneficiario. Es un poco como si usted deseara mirar el sol de frente sin ninguna precaución con el pretexto de que el sol es Dios. Usted perdería irremediablemente la vista…

Ninguna piedra alquímica se asemeja a otra, y ninguna tiene los mismos poderes. Hay una buena razón para esto; se hace la piedra que puede hacer.

¿Y la famosa prueba de transmutación?

Una de las grandes inepcias del esoterismo mundano es afirmar que si la piedra no transmuta un metal en oro, no es la piedra. No conviene ceder ante tales creencias populares. Hacer la piedra filosofal no lleva forzosamente a saber cómo hacer oro.

Así como lo he indicado a menudo, algunos adeptos nunca han realizado tales proezas de laboratorio, ya sea porque no les interesaba lo suficiente o porque no querían correr el riesgo de perder el fruto de su trabajo en ocupaciones inútiles.

Existen también personas más capaces que otras. Esto es también verdad para los alquimistas.

La piedra filosofal es un concepto

Si usted tritura los metales durante años sin estar para nada interesado por su desarrollo espiritual, no hace alquimia. En el pasado han existido grandes expertos en metalurgia capaces de transmutar grandes cantidades de metales impuros en oro sólido, y no eran alquimistas en el puro sentido del término.

Apasionados por la naturaleza, ellos practicaban una de las ramas anexas de la alquimia a la cual Fulcanelli le ha consagrado un estudio en Las moradas filosófales en el capítulo de la aRquimia, antiguo injerto hermético que se ocupaba del arte y la manera de mejorar los metales.

¿Encontrar o Conseguir la piedra filosofal?

« Encontrar la piedra», es como querer descubrir un objeto con contornos definidos. Un objeto de codicia entre tantos otros. Es por eso que muchos se disipan en su enfoque hermético.

« Conseguir la piedra», en cambio, es conseguir alinearse con el universo. Las piedras alquímicas no tienen otro propósito que transformar su posicionamiento aquí abajo. Aquello que es vil como un viejo metal, es usted. Es a usted a quien se debe transmutar para abrir el palacio dorado alojado en su corazón.

Todas las prácticas de laboratorio, por muy fascinantes que sean, sólo sirven para favorecer esta apertura y guían al adepto por los pasillos secretos de la vida y de la muerte. Algunas veces, el consumo de su piedra alquímica, como una droga de inmortalidad, le abrirá las puertas del conocimiento universal y de los mundos paralelos. En otras veces, conseguirá verdaderas transmutaciones metálicas. Pero en otras veces, estos maravillosos fenómenos se producirán durante una destilación clásica sin gran importancia.

En ambos casos, usted «habrá hecho la piedra», porque podrá decir: « ¡Sí! He contemplado lo Indecible».

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¡Que se lo diga por Toutatis!