Paraíso cristiano - cfio.es

¿Qué es exactamente el Paraíso cristiano?

Todas las religiones son hermanas al menos en un punto fundamental. En la promesa hecha a sus fieles de un Paraíso que ofrece condiciones existenciales terrestres. En la vida espiritual, como en todas las demás áreas de la vida, se avanza a los tumbos. Surge un problema, sin embargo, cuando se trata de definir la naturaleza exacta de este Paraíso, ya que nadie o casi nadie ha vuelto a contarnos sobre él…

¿Iremos todos al Paraíso?

Título de una célebre canción, esta afirmación es desgraciadamente falsa desde el punto de vista gnóstico. No es tampoco la opinión del cristianismo primitivo, e incluso menos la del catolicismo.

En los grandes mitos de la humanidad, la escena existencial primitiva se desarrolla a menudo siguiendo un protocolo binario, por no decir maniqueo. Pero aquí abajo es donde se desarrollan las actividades humanas, como en un gran circo o en la arena en donde los humanos se destrozan para ganar su Salvación. Y arriba está la morada de los dioses, y sobre todo de Dios – lugar de paz y de serenidad, último refugio de los héroes que lograron la victoria sobre las pasiones inferiores.

Según el dogma clásico, aquellos que son malos o no prestan ninguna atención a lo divino durante su vida, permanecen en lo bajo. En el momento de la muerte, esto se va a proclamar porque no va a haber más que una simple marcha en descenso para terminar en el Purgatorio o en Infierno.

Incluso si esta visión puede parecer muy sumaria, no es menos exacta en cuanto a una cosa: el destino post-mortem del hombre se deriva de la naturaleza de sus actos y pensamientos durante su encarnación.

Lo que quiere decir, incluso antes de saber a dónde vamos después de la muerte, que los hombres no mueren igual.

El Paraíso según la religión católica

Dirigiéndose a las masas, el catolicismo ha conservado la relación dual entre el Cielo y la Tierra. La creencia en una vida después de la muerte – o vida eterna – se limita por lo tanto a un viaje irreversible. Si se es bueno se va al Paraíso. Si se es malo se va al Infierno. ¿Hay un intermedio? Es el Purgatorio, pero nadie sabe mucho al respecto…

Sin embargo una cosa es segura, para Dante, aquel que entra en Infierno debe perder toda esperanza… Veremos más adelante que significa esto exactamente.

El dogma católico enseña que el ingreso al Paraíso se obtiene por la buena conducta, a la vez moral y religiosa. El fiel debe hacer todo lo posible para encarnar valores éticos que van, según las épocas, a tomar formas grotescas.

Pero sobre todo, debe seguir el ritmo de la liturgia y tener una obediencia absoluta a las autoridades eclesiásticas. Teológicamente hablando, el cristiano católico cree que Jesucristo es el hijo único de Dios, descendido a la Tierra para redimir los pecados del mundo. Esto ha sido hecho de una vez y para siempre, y basta con cumplir con los mandamientos de la religión y con confesarse regularmente para esperar acceder a la Salvación. El paraíso se convierte en una simple recompensa por buena conducta.

El Paraíso como fruto de un trabajo

El gnóstico, está en búsqueda de una medicina. El acceso al Paraíso depende de un trabajo espiritual. La Salvación del gnóstico se gana como el fruto de un esfuerzo iniciático y no como una sola observancia moralizante.

Para él, Jesús no es el redentor de la humanidad. Es el guía espiritual que muestra un camino iniciático cuyo resultado transformará su manera de morir.

Allí donde el fiel católico encuentra agradable que se haya hecho el trabajo en su lugar, y que sólo tiene que obedecer como un cordero o un niño, el gnóstico sigue un sendero diferente fundamentalmente rebelde a toda autoridad espiritual humana, y que cree en ideas metafísicas inaccesibles por lo exigentes – al común de los mortales.

El gnóstico conoce el destino post mortem reservado para hombres de todas las condiciones. Él sabe que la verdad es horrorosa y que por eso la gnosis es solo para una minoría de personas.

Bienvenido sea…

He descrito estas verdades desestabilizadoras en el octavo cuaderno prohibido de El secreto de Jesucristo. Estos merecen un desarrollo profundo, y sería inapropiado que tales cosas sean simplemente resumidas, por el riesgo de hacer deformaciones perjudiciales.

Sin embargo, se pueden indicar algunos puntos. El objetivo del cristianismo primitivo no era el establecimiento de una religión de masas. Es una vía espiritual completa, un camino iniciático que pocas personas, en realidad, pueden cumplir. Hay diferentes niveles de iniciación, pero el que ocupa la mayor parte del tiempo del gnóstico es la realización del Cuerpo de Gloria, la única puerta a lo que los antiguos iniciados de la gnosis llamaron Paraíso.

Para el gnóstico avanzado, el Paraíso no es un lugar de permanencia. No hay verdaderas regiones celestes habitadas por espíritus superiores o ángeles; el Paraíso es un estado de conciencia que ha trascendido la muerte tanto en tiempo como en dualidad. Es por eso que se ha dicho que Jesús ha vencido la muerte. No la visible, que es pura desagregación biológica, sino la conceptual que encierra al ego en un mundo binario y temporal.

¿Vida eterna o conciencia eterna?

Es aquí donde se detiene la posibilidad de explicar algo que sobrepasa toda forma de razonamiento intelectual.

El problema del cristiano común y creyente es que busca en la muerte el reflejo de su existencia. Él quiere un hogar, ser parte de una familia feliz y sentirse seguro. Nada menos legítimo. Excepto que esta visión lo conecte con un destino escatológico que se niega a admitir. El de desaparecer para siempre como conciencia.

El gnóstico sabe que la vida es fundamentalmente eterna. Ella circula en nosotros, luego se va para ser reciclada en otra parte, en una forma o en otra. Ella emana del sol y regresa allá tan pronto como un ciclo vital se ha cumplido.

¿Pero qué es de la conciencia? Según la gnosis, ésta se extingue un tiempo después de la muerte del cuerpo físico. Se la llama tradicionalmente la segunda muerte. Es precisamente lo que el gnóstico procura evitar.

¿Cómo lo hace? Él produce un cuerpo de luz que sobrevivirá a su propia muerte y que será el nuevo vehículo de su conciencia para que pueda perdurar. El gnóstico habrá ganado su Paraíso de acuerdo con las leyes del Universo. Y mejor todavía habrá sabido ver lo Real que, como lo saben todos los que lo han visto, no conoce ni lo alto ni lo bajo, ni el Paraíso ni el Infierno, sino una conciencia vigilante que cubre toda la eternidad.

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