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¡Invierta en el cielo, el fin del mundo está cerca!

La noción de inversión está muy presente en nuestra cultura materialista y territorial. Los modelos de éxito son tener, poder, sexo y dinero. El único problema de estos valores es que son temporales. En otras palabras, no los llevamos con nosotros al cielo. Le propongo en este artículo hacer parte de las cosas y recortar su queso de inversiones personales de manera más equilibrada.

Los pies sobre la Tierra y la cabeza en las estrellas…

Sin lugar a dudas, es importante tener una vida equilibrada en todas las áreas. Una vida espiritual no se satisface solo con amor y agua fresca. Tenemos también que realizarnos sobre la Tierra y ocuparnos de todas nuestras necesidades Es por eso que no puede haber vida espiritual satisfactoria si nuestra base material está fallando.

Los monjes mismos tienen una vida económica intensa que les permite ser autónomos. Aunque son pobres en espíritu y no poseen nada propio, hacen arreglos para que la comunidad de la que forman parte sea lo suficientemente afortunada. Algunas veces por otra parte, ella Prueba consecuentemente.

¿Qué es una inversión espiritual?

Invertir espiritualmente es recordar cada día que estamos de paso por este mundo. Que tenemos el tiempo contado y que todo lo que acumulamos de material (cosas, o seres o reputación) nos será quitado definitivamente cuando muramos.

Invertir espiritualmente también es recordar que debemos realizarnos en el cielo, durante nuestra estancia terrestre. La vida no se trata solo de hacer negocios, ganar dinero o tener hijos. La vida nos es dada para que encarnemos valores espirituales que son lo opuesto a las preocupaciones estériles del materialismo ateo.

Tenemos que hacer esfuerzos espirituales. Este trabajo no ofrece ninguna gratificación inmediata ni algún efecto visible para nuestros vecinos, familiares y amigos. La energía que invertimos en nuestra vida espiritual es una especie de colocación a muy largo plazo que solo recoge sus frutos después de la muerte.

¿Pero quién quiere verdaderamente pensar en su muerte?

Contornear el momento de la muerte

La mayoría de las personas manejan su angustia ante la muerte agitándose lo más posible. Con el fin de evitar pensar en su muerte, les gusta mirar la de otros en el cine o en noticiero de televisión. Si esto pasa en otra parte es bueno, hasta que un familiar muere y reactiva el gran malestar…

Hasta que la gran guadaña llama a su puerta y le hace decir al estupefacto hombre: « ¿Qué he hecho con mi vida? »

Es un poco la historia de la cigarra y la hormiga que no haré la afrenta de contarla de nuevo. La sabia moralidad de esta fábula de La Fontaine la Fuente – (¡nombre alquímico a medida del deseo!) es sin embargo muy pertinente. ¿Porque si no hemos hecho nada muy espiritual sobre la Tierra, que pasará cuando el último beso haya llagado?

Las viejas tradiciones son muy claras…

¡Si no ha invertido en el cielo durante su vida terrestre, usted no entrará! Lamento ser tan formal y crudo, pero esta afirmación no es mía. Ella aparece en el corazón de todas las tradiciones esotéricas auténticas, ya sean de Oriente o de Occidente.

Si ustedes no han hecho ningún trabajo para realizarse espiritualmente, y habrá llanto y crujir de dientes (Mateo. 25, 14r30) y vosotros echados fuera!

En términos menos imperativos, le será negada la perennidad de la conciencia y, después de una fase de introspección existencial, su preciosa personalidad, su yo, se desvanecerá, – para siempre como dormido sin la esperanza de despertar a la mañana. Es la segunda muerte, la del alma, que nunca, desde un punto de vista metafísico universal, nunca ha sido dotada, de hecho, con la vida eterna.

¡Michel Polnareff estaba equivocado!

No iremos todos al paraíso. Es el mismo san Pablo quien lo dice: « He aquí, os digo un misterio: no todos dormiremos, pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, con la trompeta final… » (1 Corintios 15:51-52)

El paraíso y la vida eterna prometida por Jesús se ganan en este mundo. Si usted no me cree, haga la experiencia siguiente: Trate de entrar en cualquier país sin pasaporte válido. ¡Si le niegan el acceso, intente hacerles saber entonces que en nombre del amor universal, usted tiene derecho a pasar!…

¿No tiene nada que ver, según usted? ¿No se puede comparar el paraíso con un país? Hmm…

Entonces relea a Hermes Trismegisto que le responderá claramente que: « Lo que está abajo es como lo que está arriba»… Relea también a Jesús que afirma que es más fácil que un camello pase por el agujero de una aguja que un rico entre al Reino de Dios

Usted comprenderá tal vez que la Vida eterna, es no tan fácil y no es dadao a todo el mundo.

Tregua de broma:

Se los he dicho como forma de abertura de este artículo, el Apocalipsis está en nuestras puertas. El fin del mundo está próximo. Pero que se entienda bien. No se trata del fin del mundo que nos rodea donde, como a semejanza de las películas de catástrofe, un gran peligro ecológico se abate sobre la humanidad entera.

Aquí, el final previsto, aquel del que nos hablan los profetas con palabras encubiertas, es el nuestro. ¡Nuestra muerte!

Esta es la manera de entender el último libro de la Biblia. El Apocalipsis es el Libro occidental de los muertos. Todas las predicciones espirituales que describen el fin del mundo tienen un solo significado. Ellas nos recuerdan a todos que las manecillas del gran reloj existencial giran incansablemente y nos impulsan hacia la tumba. Será necesario saber cómo manejar la prodigiosa agitación post-mortem que la tradición tibetana describe más abiertamente que nosotros en su Bardo Thodol. Este trastorno es el que conduce al hombre ateo a la extinción definitiva de la conciencia. La segunda muerte de San Juan…

¡Ponte a trabajar ahora antes de que sea demasiado tarde! ¡Invertid en vuestra vida espiritual! El tiempo pasa rápido…

¡Que se lo diga por Toutatis!