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La conversación con el ángel guardián

Como toda moda esotérica, la del Ángel guardián ha tenido su apogeo durante los años 2000. Muy influenciada por el new age y por el gran renacimiento del interés en las artes mágicas en general, la angeología medieval ha recibido, en esta ocasión, un segundo soplo. Pero así como todo entusiasmo popular, siempre sensible a lo superficial y no tanto a lo profundo, fue a expensas de ciertas verdades iniciáticas. Pero ahora pongamos el reloj del ángel en hora…

Una literatura engañosa

Digámoslo sin rodeos, ciertos temas esotéricos representan un maná literario y financiero no despreciable. Lo hemos visto estos últimos años con el Da Vinci Code, los

Templarios y la Rosa-Cruz… Se comprueba que el público está tan espiritualmente desencantado en el plano espiritual – y perdido también – que tiende a lanzarse de cabeza sobre la primera ideología nueva que pasa.

Después de la aparición de las obras de Haziel a principios de los años 90, y luego de una encuesta sobre la existencia de los ángeles guardianes que fue un best-seller en varios países, todo el mundo ha querido practicar la cábala angélica. De la invocación de los 72 ángeles, pasando por la conversación con el ángel (otro título muy conocido), la vulgarización del tema alcanzó cumbres nunca igualadas en toda la historia de la magia occidental.

Desde este tiempo, la moda espiritual ha cambiado, pero el fenómeno precedente ha dejado rastros profundos en la conciencia colectiva, y no las mejores. En particular en lo relacionado con dos definiciones fundamentales:

la de la verdadera naturaleza del ángel en el pensamiento antiguo,

y la del proceso que permite entrar en contacto con él por un proceso ritual llamado teúrgia.

¿Qué es el Universo?

Los antiguos filósofos y otros neoplatónicos del Renacimiento vieron el Universo como una superposición de mundos, desde el más denso al más espiritual. Por comodidad, le atribuyeron a cada uno de ellos a una población y un relieve particular.

De allí la noción de esferas celestes y de entidades que viven en ellas.

Pero, para estos mismos filósofos, todo procede del Uno. Contrariamente al pensamiento judeocristiano que francamente delimita el mundo divino del mundo de la materia, los antiguos filósofos creían que el mundo terrestre, aunque opacado por su densidad, sigue siendo plenamente una emanación de lo divino; y que basta, por así decirlo, dilatarlo para revelar la luz que contiene.

Este pensamiento, tan querido por los alquimistas, pertenece al hermetismo más puro. Ha alimentado montañas de reflexiones y de experimentaciones místicas en la mayoría de las organizaciones iniciáticas de ayer y de hoy.

¿Que son los ángeles?

En esta fase, sería cómodo creer que los mundos celestes que han sido clasificados por los filósofos son unas comarcas reales por las cuales circulan y viven las entidades aladas llamadas ángeles.

En realidad, según Dionisio el areopagita, célebre teólogo de siglo V, las esferas celestes son unos estados intermedios de una sola y única conciencia divina intentando desplegarse. En consecuencia, cuanto más nos alejamos de la fuente, la vibración inicial se densifica y se concretiza más, hasta el plano de la materia.

Así, los ángeles catalogados por los cabalistas y otros místicos amantes de la angelología son solo los diferentes niveles de conciencia del Universo y, por extensión, de Dios. La imagen del ángel como uno de los múltiples brazos de Dios ha escapado por completo a los angiólogos modernos.

Lo que demuestra una vez además, que el estudio de los misterios ocultos (y la magia divina es parte de allí como una de tres ciencias-madres del hermetismo), no puede limitarse a la visión estrecha que propone la angeología moderna, con sus rituales pseudo-canónicos y esa complacencia égoica de atribuir a un ángel personal de nacimiento un nombre vilmente gratificante.

¿Qué es el ángel de la guarda?

Si el lector me ha seguido hasta aquí, habrá comprendido, tal vez con un poco de confusión, que ninguna entidad luminosa con alas pasa el tiempo a su lado, en algún universo paralelo, con un aburrimiento mortal que sólo adivinamos dado el interés extremo (sic) que representan a la mayoría de las actividades humanas profanas.

La verdad antigua, mucho más interesante y sobre todo en conformidad con la teoría teúrgica clásica, es que el ángel guardián es sólo la parte de conciencia luminosa de cada uno, una parte enterrada bajo espesores de acondicionamientos, y que pertenece al investigador de lo absoluto hacer aparecer en el marco de un segundo nacimiento espiritual.

Los conocedores reconocerán aquí la mayéutica de Sócrates que es, literalmente, un nacer al mundo o un parto, al cual se añadirá en esta circunstancia, el adjetivo espiritual.

La conversación con el ángel guardián es por tanto una eclosión metafísica en la conciencia del iniciado. El ángel no lo custodia como un perro que ladra al primer peligro detectado. No está allí como un esclavo que vigila su espalda mientras usted bebe con sus amigos.

Es el guardián de su origen. Es la memoria del sol y de los altos conocimientos presentes en cada uno de nosotros, y quien la operación de magia divina, o ritual teúrgico, permitirá revivir si usted posee la llave.

Quienes deseen profundizar en estas altas verdades elevadas pueden dirigirse a la formación del CFIO consagrada precisamente a los misterios de la alta magia divina, a los secretos de la teúrgia y a la prodigiosa alquimia interna que resulta de ella.

¡Que se lo diga por Toutatis!