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El secreto alquímico de Louis Cattiaux

¿Qué hijo de Hermes no ha intentado leer el monumental libro El Mensaje Reencontrado de Louis Cattiaux? Este paquete de unas 400 páginas seducirá un día u otro al alquimista que anda en su búsqueda. Todo el mundo conoce a Luis Cattiaux, o mejor nadie lo conoce, porque la lectura de su obra ha permanecido completamente cerrada e inaccesible para la mayoría. Si se empieza a leer esta extraña obra de geometría variable, se la abandona en seguida como la gallina que ha encontrado un cuchillo y no sabe qué hacer con él. Excepto si alguien nos ha explicado el arte y la forma de leer El Mensaje Reencontrado, que de hecho, no es en absoluto un libro, sino un aparato oculto…

Un poco de historia

Louis Cattiaux (1904-1953) fue un artista-pintor con un destino hermético muy marcado. Se dice que hizo la piedra filosofal y que su maestría en la alquimia fue total. Se dedicó a escribir su obra principal El Mensaje Reencontrado hasta su muerte. Se puede considerar que la nobleza de sus pinturas es ciertamente complementaria a sus escritos.

Será útil tenerlo en cuenta a lo largo de este estudio, porque Louis Cattiaux ha manifiestamente liberado una enseñanza iniciática que está dirigida más a la intuición que a la lógica.

No fue por lo tanto un escritor alquímico en el sentido común del término, sino más bien un adepto cumplido cuyo trabajo artístico invita al viaje interior de un modo muy original. Cattiaux no quería lectores, sino «lectores de lo absoluto». Incitaba a la mirada interior y orientaba la conciencia de sus “seguidores” hacia una visión directa de la verdad solar.

Una estructura literaria muy particular

Cuando se abre El mensaje reencontrado, se duda. El modo de escritura en sentencias no aparece propicio para una lectura continua. Los aforismos se suceden sin lazos aparentes y provocan rápidamente un cansancio mental a aquel que no está acostumbrado a este tipo de prosa.

El texto aparece separado en dos columnas, derecha e izquierda, sin una continuidad lógica, lo que complica más la investigación. Se tiene la impresión de que Cattiaux ha colocado sus pensamientos tal como le venían y más de uno se ha preguntado qué interés tiene sumergirse en tal laberinto.

Abandonando la lectura lineal, se examina el conjunto del libro y se lo lee a vuelo de pájaro, subrayando al pasar algunas máximas luminosas, olvidando las que no resuenan tanto. Al cabo de muy corto tiempo, se cierra el libro diciendo que se lo leerá en otra ocasión con la cabeza descansada.

La obra es colocada en la biblioteca y permanecerá allí durante años, algo que Cattiauxhabía previsto al titular primero esta obra El mensaje perdido, que devendrá más tarde en  El mensaje reencontrado.

Los dos hemisferios cerebrales

El gran secreto alquímico de Cattiaux reside en el hecho que su libro se parece a un cerebro humano. Cada página está separada en dos partes de la misma manera que existe un hemisferio cerebral derecho y uno izquierdo.

Algunas veces, el texto del Mensaje reencontrado está adornado de una tercera parte, la central, la que parece querer relacionar a las otras dos con intermitencias.

Esto significa una sola cosa. Este libro no es un libro convencional. Es una herramienta iniciática que debe ser utilizada de una cierta forma con el fin de que sean liberados los conocimientos misteriosos que encierra. Con el fin de que su mensaje sea reencontrado

El matrimonio alquímico del Rey y la Reina

La tradición hermética occidental posee las llaves de ciertas prácticas de alquimia interna que implican un proceso de unificación de los opuestos para tocar la Unidad universal.

Este trabajo espiritual es bipolar. Se distingue allí una parte racional e inteligible en el sentido platónico del término, y una parte intuitiva o simbólica dirigida a la intuición pura o conciencia sin objeto.

Por lo tanto la iniciación incluye una alternancia regular, como el movimiento de un péndulo, entre dos modos de entendimiento tradicionalmente designados por símbolos tales como el rey y la reina, el sol y la luna, el oro y la plata, el azufre y el mercurio, el corazón y la razón…

En el plano fisiológico, el organismo es regido por los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro. Está admitido que el hemisferio izquierdo gobierna la parte derecha del cuerpo y rige las funciones cerebrales denominadas “convergentes”, es decir que solicitan el análisis lógico y racional. El hemisferio derecho en cambio, gobierna la parte izquierda del cuerpo y se relaciona con el pensamiento denominado “divergente” como la imaginación, el simbolismo y la intuición.

El buen modo de empleo

A partir de esto, se hace posible descifrar El mensaje reencontrado utilizándolo, no como un libro de cabecera, sino como una herramienta meta-técnica necesitando el uso de un instrumento complementario y sorprendente.

El secreto alquímico de Louis Cattiaux- cfio.esEste instrumento es llamado parche ocular. Lo pueden encontrar en todas las farmacias y voy a explicarles cómo utilizarlo. Ustedes pueden ahora reemprender la lectura del Mensaje reencontrado, pero del modo siguiente, que podrán por supuesto aumentar según sus gustos y prácticas espirituales. Veamos algunas reglas que hay que respetar.

La columna izquierda del libro (cuando lo abre ante Usted) debe ser leída en un sentido profano. En la naturaleza, en el sillón, o por la tarde antes de dormir. Es la parte razonable e inteligible para la mente. Es el contenido racional de la iniciación, lo que se puede integrar racionalmente y aplicar a diario. Un tipo de regla de san Benito que nos inspira valores y comportamientos éticos aplicables a diario. Es la parte que hace reflexionar.

Para un aprovechamiento máximo, no se debe leer la parte derecha después de la parte izquierda. Hay que concentrarse únicamente en la parte izquierda y si es posible, poner el parche ocular sobre el ojo izquierdo.

Usted va poder a leer solamente la parte izquierda con su ojo derecho ya que está invertido (el cerebro izquierdo rige la parte derecha del cuerpo).

La columna derecha, por otra parte, deberá ser leída sin tratar de comprender el texto. Sacará un gran provecho de esta columna antes de una sesión de oración o de meditación. Tal como se lo haría con una lectio divina o con otro texto inspirador.

Ponga su parche ocular sobre su ojo derecho y lea lentamente la parte derecha con su ojo izquierdo. Lo repito, lea sin tratar de comprender lo que lee. Practique como le sea más cómodo, lea una sentencia o toda una página sin intentar leer otra parte (la izquierda).

Lea sin reflexionar luego, dedíquese a su práctica interior o de oración, sin hacer ninguna reflexión sobre lo que acaba de leer. Como si le hubiera entrado por una oreja y salido por la otra. No se preocupe NUNCA por lo que va a hacer esta parte. No es su trabajo, sino el de su inconsciente. Sacará provecho sin nunca saber cómo ha sido hecho.

Un pequeño truco de mnemotécnica para no equivocarse de ojo: oculte el ojo que corresponde a la columna que usted lee. Oculte entonces el ojo derecho cuando va a leer la columna de la derecha y oculte el ojo izquierdo cuando va a leer la columna de la izquierda.

La tercera columna

Cuando un capítulo contenga una tercera columna, lea su contenido con los dos ojos y procure que sea un momento solemne, porque se operará en este momento una soldadura extremadamente importante.

Cuando este trabajo es hecho con asiduidad y sin espera, los conocimientos alquímicos no tardan en llegar de algún modo extraño. Encontrará entonces a Louis Cattiaux en toda su gloria y comprenderá lo que quiso decir exactamente cuando escribió:

 » Has perdido tu vida, decían mirando mis manos vacías y nadie oía al Dios que cantaba en mi corazón.»

Leer la CONTINUACIÓN de estos informes secretos…

¡Que se lo diga por Toutatis!